Escala 5: Nueva Zelanda. Un paraíso en el fin del mundo

Vino

08/09/2017

El prestigio de los vinos neozelandeses no para de crecer, del mismo modo que la superficie dedicada al cultivo de la vid, que ha pasado de unas 30,000ha en 2007 a las más de 40,000 que ocupa en la actualidad. Sus sauvignon blanc son tendencia y la calidad de la mayoría de sus bodegas es indiscutible.

La calidad como marca de un país

Hoy, los sauvignon blanc de Marlborough compiten de igual a igual con los mejores ejemplos de Sancerre o Pouilly-fumé, en el valle del Loira. Del mismo modo grandes pinots noir oceánicos llevan el sello y el espíritu kiwi.

Nueva Zelanda ha experimentado una suerte de despertar agitado y contundente que se argumenta desde un clima privilegiado y desde un sector ultra atomizado que ha sabido moverse bajo la marca Nueva Zelanda de un modo genérico en el mundo del vino, suponiendo una plataforma de despegue para los elaboradores más autorales.

Quizás este hecho se explique mejor con un dato: El 90% de las aproximadas 550 bodegas existentes producen menos de 200,000 litros anuales.

Clima y geografía

A medio camino del fin del mundo, entre la inmensidad de La gran Nada que es el Pacífico y a 2000km de Australia; Nueva Zelanda esta formada por dos grandes islas, Norte y Sur:

Aisladas, como dispuestas caprichosamente al azar, como dejadas caer y olvidadas, angostas y de naturaleza exuberante, la influencia del océano y lo alejado de su posición respecto a una masa de tierra de tamaño importante, hacen que todo el viñedo del país se beneficie de un clima marítimo fresco ideal para las clásicas sauvignon blanc y pinot noir.

Pero no todo son ventajas, en un país con poca densidad de población, la logística se ha convertido en el mayor de los desafíos del sector vinícola que debe hacer frente a una demanda incesante, y donde la uva o el mosto deben recorrer enormes distancias, suponiendo una adición extra a sumar al propio coste de elaboración.

Isla norte

  • Las regiones vinícolas de la isla Norte vuelcan su protagonismo casi en exclusiva a Hawke’s Bay. Es la región más cálida y con más horas de sol anuales del país, y en volumen, solo superada en hectáreas y litros producidos por su vecina de la Isla Sur,
  • La climatología juega a su favor, permitiendo ampliar los estilos de vinos. Así, es en Hawke’s Bay donde la mezcla Burdeos de merlot y cabernet sauvignon ha alcanzado un estatus de vino emblema de la región.
  • Auckland, Gisborne y la minúscula Wairarapa conforman la identidad vinícola regional de la isla.
  • Las variedades dominantes en el norte son las blancas sauvignon blanc y chardonnay; y las tintas merlot, cabernet sauvignon y pinot noir; si bien muchos monovarietales de syrah están alcanzando cierto estatus y fieles entre la comunidad Winelover.

Isla sur

  • Marlborough es el principal centro vinícola, no solo de la isla, sino de todo el país, acumulando casi el 60% de la superficie total del viñedo.
  • En Marlborough la protagonista definitiva es la sauvignon blanc, que ocupa tres cuartas partes del viñedo de los valles adyacentes: El Valle Wairau y el Valle Awatere, donde el clima se muestra más seco y ventoso, dotando a la variedad una mayor acidez y un peculiarísimo recuerdo de tomate picante.
  • Nelson, Canterbury y la interior Central Otago, cuna de los mejores pinots noirs del país; dan forma y ponen nombre al resto de regiones de la isla Sur; donde también podemos encontrar buenos ejemplos de rieslings y pinot gris.

Sauvignon blanc de Marlborough: lo que debes saber

  • La relativa juventud del sector del vino en Nueva Zelanda, muy orientado a la exportación, originó un desarrollo vanguardista y de mucho mimo para los controles de temperatura durante la elaboración.
  • Así, el tapón de rosca es el cierre más utilizado y como consecuencia los vinos neozelandeses se caracterizan por una pureza de fruta y carga varietal propia de la juventud.
  • Sin embargo, este hecho está creando una homogeinazación en los sabores y aromas del vino, por lo que algunos elaboradores que ya piensan en futuro están experimentando para proveer de más identidad a sus vinos.
  • El paradigma de un sauvignon blanc de Marlborough bien podría describirse con estas palabras: Brillante, límpido y cristalino; los caprichosos aromas se construyen desde un lecho de pimiento y grosella espinosa; y desde ahí asoman inquietas las notas más vegetales y herbarias, que de la mano de un fondo de fruta de la pasión y tomate, nos proponen un juego de los sentidos hasta alcanzar ese recuerdo de espárrago verde propio de la crianza en botella.

Nueva Zelanda tiene mucho que ofrecer, pero antes debe salvar los obstáculos de su paradójico método de vinificación que tiende a homogeneizarse y solventar los desafíos de una logística difícil y costosa. La materia prima está ahí; así como su buen merecido prestigio. Sin duda, Nueva Zelanda tendrá mucho que decir en el futuro y esperamos estar ahí para verlo y paladearlo.

Rafa Moreno

 

Categorías: Vino