No es la primera vez que os explicamos algunos de los detalles más especiales de nuestras bodegas. Hemos hablado del almendro que visitamos cuando nos queremos tomar un respiro o motivarnos. También os hemos hablado del rincón de la bodega donde parece que el tiempo se detiene, donde descansan las botellas más viejas.
Hoy saldremos unos metros hacia fuera para fijarnos en un detalle que a simple vista puede pasar desapercibido, pero para nosotros no. Y si pasa, nos encargamos que todos nuestros visitantes se fijen en él.

Os estamos hablando de las puertas que dan acceso a la bodega. Unas puertas de madera impresionantes, hechas a medida por carpinteros del Pla del Penedès y que tienen, justo en el centro, un león. Todo hecho a mano.
Pues bien, estas maravillosas puertas tienen historia. Su madera maciza demuestra que son invulnerables a los accidentes y a las desgracias. El 28 de junio de 1999, la bodega se derrumbó, y de las cuatro puertas que había en aquel momento, solo se salvaron dos.

Estas dos puertas sobrevivieron y se utilizaron para hacer dos nuevos accesos. Uno para la actual bodega y otra para dar acceso al almacén de expediciones.
Ahora las observamos con admiración cada vez que entramos a la bodega. Son testimonios de nuestro pasado, de nuestro presente y también de nuestro futuro. Nos sirven para mirar atrás y ser conscientes que en momentos difíciles, lo más importante es levantarse y seguir trabajando.



