En un post anterior, os presentábamos uno de los rincones que más nos gustan de las bodegas con la imagen de nuestro precioso almendro. Un lugar abierto, con colores, matices y contrastes que nos inspira, nos relaja y nos revela que el tiempo pasa sin concesiones.
En esta ocasión os queremos presentar un lugar de la bodega totalmente opuesto al almendro. Se trata de un lugar íntimo, oscuro y que solo lo valoran aquellas personas que entienden de vinos y saben que el paso del tiempo y la crianza en botella es imprescindible para tener un buen producto.
Un lugar que visitamos a menudo para desconectar de nuestro día a día y que lo valoramos como nuestro pequeño tesoro. Un espacio único capaz de hacernos parar. Pensar, reflexionar y soñar.
La humedad, la temperatura, la oscuridad, el silencio, las viejas botellas colocadas en rima, el olor a madera, a corcho a… paso del tiempo, forman parte de un paisaje interior en el que nos sentimos cómodos.
El tiempo se detiene. Las miramos y nos sentimos orgullosos porque lo que un día soñamos, dentro de unos años se hará realidad.
Bienvenidos a uno de los rincones de las bodegas Jean Leon más auténticos e históricos y en el que nos sentimos más identificados.



