ESCALA 7: Turquía. Donde el vino se abre camino, a pesar de todo

Vino

07/11/2017

La historia del vino de Turquía constituye en sí mismo un relato de contradicciones, paradojas y dificultades. Hablamos de un solo país, pero con una enorme variedad de perfiles organolépticos en sus vinos debido a los diferentes climas y culturas, que como la propia Turquía se encuentran en el abrazo que funde a Europa y Asia, Oriente y Occidente.

El país posee una de las superficies de viñedos más extensas del mundo y sin embargo, de toda la producción de uva poco más de un 3% está dedicada a la elaboración de vino, una gran paradoja.

Kemal Atatürk, fundador de la república laica mandó construir bodegas estatales durante la década de los 20 del s.XX con el objetivo de convencer al pueblo turco de los beneficios del vino a todos los niveles. Este hecho aseguró la supervivencia de variedades autóctonas de la región de Anatolia que hoy nos apuntan pistas sobre los orígenes de la viticultura.

 

Dificultades históricas y factores de repunte

La ausencia de un mercado doméstico de consumo propio; la prohibición de las importaciones; unos elevadísimos impuestos y la alargada sombra de la cultura musulmana han sido siempre los mayores impedimentos para el desarrollo de la cultura del vino en Turquía, que ha visto como más del 95% de su producción de uva está destinada a la uva de mesa y para la elaboración del licor anisado autóctono Raki.

Sin embargo, Turquía parece haber despertado de su letargo y ha experimentado una suerte de boom vinícola en lo que va de siglo XXI debido principalmente a:

  • El aumento del turismo en general y enológico en particular.
  • Una mayor demanda de consumo interior.
  • La abolición de la prohibición de las importaciones que ha permitido conocer los diferentes vinos del mundo.
  • La privatización del monopolio estatal que ha supuesto una mejora considerable de la calidad de los vinos.
  • La sed de cultura vinícola de los jóvenes turcos, más influenciados por occidente y con menos arraigo religioso.

No obstante, la falta de una legislación vinícola ordenada sigue dificultando la correcta articulación de este aperturismo a toda la sociedad.

 

De las regiones turcas y sus vinos

Mármara, al oeste del país, cuenta con la mayor concentración de bodegas de Turquía, y sin embargo no alcanza el 16% de uvas cultivadas para la elaboración de vino. Nos encontramos en la región más “europea” del país, no solo en lo cultural, sino en la variedad de sus suelos y su cálido clima mediterráneo.

De las cerca de 150 bodegas del país, más de 100 están ubicadas en Mármara o en la región del Egeo.

Las variedades que aquí se cultivan son principalmente las internacionales, si bien existe un creciente interés por descubrir el potencial de las variedades de vino Turco, las tintas Papaskarasi y Karalahna.

En la región del Egeo, en el interior de Izmir, se produce más de la mitad del total del vino turco. En este privilegiada zona, la historia se nos revela en forma de ricos yacimientos arqueológicos y viñedos dedicados a la elaboración de vinos blancos.

Narince (autóctona); Misket (muscat de grano pequeño) y Sultaniye (sultana) otorgan vinos limpios y frescos.

Dentro la gran Anatolia, que se extiende desde el centro del país hasta la parte situada más al este, besando a Asia; encontramos distintas subregiones, cada una de ellas con un perfil propio:

Así, en los viñedos ubicados a mayor altitud de la Anatolia Central se produce el 14% del vino turco; mientras que en este y sudeste de la región suman apenas un 12% del total. Aquí la producción se articula en pequeñas fincas con a penas unas cuantas filas de vides, nada que ver con las grandes producciones de Mármara o el Egeo.

Destaca en Anatolia Central la nueva zona de viñedos denominada Côtes D’Avanos, ubicada en un paraje inhóspito y volcánico característico de la Capadocia, donde se conocen los secretos de la elaboración del vino desde tiempos de los hititas.

De entre el jardín varietal de la región se significan la fresca Emir como uva blanca y la tinta Kalecik Karasi, cuyos vinos recuerdan a las cerezas y es la favorita de los habitantes de la zona.

Por lo que a la Anatolia oriental y suroriental se refiere, los viñedos padecen unos inviernos tan severos que deben protegerse de las temperaturas que suelen orbitar bajo cero.

En este contexto, la temporada de crecimiento es considerablemente más corta que en las regiones de clima más suave como Mármara.

A pesar de que nuevas bodegas se están afianzando en estas regiones orientales, el grueso del fruto se transporta al oeste para su vinificación, con el riesgo de padecer los estragos del caluroso verano turco.

Las variedades utilizadas para elaborar los mejores exponentes tintos de la Anatolia oriental son la Oküzgözü y la Bogazkere, más tánica y rústica; y juntos constituyen una mezcla muy popular entre los winelovers turcos.

A pesar de todas las dificultades, al vino turco le aguarda un gran futuro. Hoy, las pequeñas bodegas lideran el compromiso de elaborar vinos de mayor complejidad y calidad. Entre ellas destacan Büyülübag, Corvus, Idol, Lykia, Kocabag, Pamukkale, Sevilen, Turasan, Urla, Vinkara o Vinolus.

Es cuestión de tiempo y ordenamiento de la legislación vinícola que el enorme patrimonio y potencial del país se nos devuelva como una realidad a disfrutar por el resto del mundo.

 

Rafa Moreno

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